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¿Qué es el duelo?

El proceso del duelo es la reacción normal que sufrirá una personalogo tras la muerte de un ser amado, y cada uno lo vivirá de forma distinta, sin que por ello signifique que lo amaba más o mejor.

El tiempo necesario para pasar de la desesperación más profunda a la “adaptación” a esa nueva realidad va a ser más o menos largo y doloroso en función a muchos aspectos vinculados a la pérdida: Tipo de muerte, intensidad del vínculo, características de esa relación, edad, personalidad, entorno, responsabilidades adquiridas,… Es un proceso personal y muy íntimo en el que sólo las respuestas interiores llegarán a producir algún día un verdadero cambio en nosotros.

Por esos motivos, y otras causas más, resulta bastante difícil hablar de “tiempo”, pero resulta bastante normal o habitual que éste dure entre 1 y 3 años. Podremos decir que hemos resuelto el duelo cuando ya somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, vivir sin su presencia física, dejado de vivir en el pasado, invirtiendo toda nuestra energía en un presente tranquilo y sosegado en el que les llevamos presentes absolutamente llenos de amor y satisfacción.

REACCIONES HABITUALES:

Negación/incredulidad:

Es muy difícil aceptar lo sucedido, e incluso es muy posible que llegues a negar la muerte. Resulta difícil actuar sin pensar que tu ser querido ya no está, y quizás sigas con la esperanza de que vuelva

Insensibilidad:

Como si le estuviera sucediendo a otro. Nada parece real, te sientes aturdido/a, casi como un autómata incapaz de reaccionar. Es simplemente una autodefensa que te permitirá ir asimilando lo sucedido sin desgarrarte hasta morir.

Enojo/rabia/resentimiento:

Puede aparecer un fuerte sentimiento de rabia contra todo y contra todos. Es algo normal y no debes luchar contra él. Acéptalo sin juzgarte, forma parte de tu dolor y a medida que éste se calme un poco irá disminuyendo.

Dios, los médicos, la persona fallecida, la cotidianeidad de los demás,… Todo va a ser objeto de tu enojo, rabia y resentimiento, pero debes saber que es normal, que esto sucede y va a desaparecer en su momento. No tengas miedo en compartir estos sentimientos con alguien de tu absoluta confianza, que sepa escuchar y regalarte un silencio cargado de profundo amor y respeto.

No olvides que los niños sienten dolor como tú, invítales a través de dibujos y juegos.

Tristeza:

Te invade una pena de una intensidad desconocida por ti hasta ahora. Cualquier cosa o detalle te hace llorar y tu sensibilidad se encuentra a flor de piel. Llanto, pena, melancolía, nostálgia,… van a ser compañeros de viaje. Date permiso para estar triste y llorar, no te reprimas ni te preocupes por si lloras mucho o poco, simplemente date permiso.

¿Cuánto tiempo voy a necesitar?:

Necesitas tiempo. Cada persona tiene un ritmo, ni peor ni mejor, el suyo, y tu proceso de adaptación y transformación dependerá en gran parte del compromiso activo que tomes en su momento, pero para nada la cantidad va a tener relación con la calidad.

Miedo/angustia:

Confusión, inquietud, profundo desamparo y desesperación desgarradora te acompañarán en su momento. Miedo atroz a lo que va a ser de ti a partir de ahora, temiendo el fracaso inminente y volverte loco/a. También estos sentimientos son normales, no debes preocuparte.

Culpa/auto reproches:

Por lo dicho y lo no dicho, por lo hecho y lo no hecho, por aquello que no valoraste ni viste,… La lista puede ser interminable pero, tan pronto puedas, haz también una lista de todo lo que hiciste por y para ese ser tan querido, ya tienes demasiado sufrimiento como para permitir que tu cerebro te infrinja semejante castigo.

Es del todo normal que hayas fallado infinidad de veces, no sabías lo que hoy sabes, pero puedes aprender y ofrecerle a tu ser amado tu crecimiento como homenaje y muestra de tu gran amor.

Sensación de oír o ver al fallecido; Ambivalencia y cambios de humos; Alivio (después de una larga enfermedad): Soledad,…:

Normal, a todos nos sucede.

Necesidad de cambios:

Vas a encontrarte pensando en que es posible que tu vida fuera más fácil si cambiaras de casa, de trabajo, dejaras de lado a todos tus conocidos,… Cualquier cosa que te recuerde la pérdida resulta extremadamente dolorosa y sentirás el impulso de evitarlo a cualquier precio. Es normal, no te precipites, tampoco tomes decisiones importantes ni que requieran un desembolso fuera de lo habitual. Date tiempo para afrontar tus emociones y elaborar tu duelo.

Reacciones desconocidas e inconfesables:

Puede que durante un largo período de tiempo nada ni nadie sea capaz de generar en ti la más mínima sensación de bienestar ni placer. Tu cuerpo se encuentra bajo mínimos y cualquier acción que dé como resultado la más mínima chispa de vida va a llamarle mucho la atención, e intentará buscarla y reproducirla simplemente por amor a ti. En esta etapa puedes encontrarte ante una o más reacciones que tarde o temprano vas a censurarte muy preocupado/a.

Compras compulsivas sin necesidad aparente alguna; ingesta de alcohol en cantidad distinta a la habitual, simplemente porque durante un rato te ha permitido sentir algo de alegría, y muchas veces por el efecto de la suma con fármacos; sexualidad desenfrenada o totalmente inhibida, a solas o en compañía; continuas salidas y entradas de casa, bien para caminar un buen rato, bien para conducir cientos de quilómetros;…

Todo ello es normal, sólo que no suele hablarse de ello por creer que son fallos inconfesables que hablan muy mal de nosotros mismos. Nada más lejos de la realidad, simplemente es un modo de compensación que busca tu cuerpo y al que hay que conocer para no asustarse. Ni vas a convertirte en un alcohólico/a, ni tu sexualidad va a desbordarse, sólo intenta controlar en lo que puedas aquellas reacciones que a la larga podrían comportar algún problema, pero sin sufrir, pues has cambiado mucho pero no a este nivel.

SENSACIONES FÍSICAS

La mayoría de personas en duelo pasamos por un largo período de abatimiento, pérdida de todo interés por la vida y relaciones personales, siendo muy frecuente que se den innumerables efectos de tipo físico como: Náuseas, palpitaciones, opresión en el pecho y/o garganta, nudo en el estómago, pérdida de apetito, dolor de cabeza, dolor de espalda, cansancio y debilidad extremos, insomnio, ahogo, punzadas en el pecho, visión borrosa o manchada, temblor, dificultad de tragar,…

Recuerda que necesitas tiempo para descansar, comer y dormir. Salir a pasear puede ayudarte a mover un poco el cuerpo y sentirte más activo/a. Cuida tu cuerpo y su aseo, te hará sentir mejor.

Sólo como anécdota, quien te escribe estas líneas en su momento dejó de cocinar, simplemente preparaba una vez por semana un quilo de macarrones que, repartidos en distintos tuppers y puestos en el congelador me servían para las distintas comidas del día durante una semana. A las dos semanas sufría semejante estreñimiento que incluso provocó que sacara sangre… Se resolvió cuando una buena amiga, conocedora del problema, me surtió de abundantes frutas, verduras y legumbres para que cuidara mi alimentación.

Ya ves que todos hemos hecho alguna que otra “barbaridad”, y no sucede nada. Es normal en todo este duro proceso de aprendizaje.

CUANDO PEDIR AYUDA

A pesar de que no hay nada de anormal en el dolor, la soledad y el derrumbamiento que acompañan al proceso de duelo, hay algunas situaciones en las que te puedes encontrar y en las que es conveniente pedir ayuda a un profesional, ya sea médico, responsable de grupo de acompañamiento, psicoterapeuta u otros expertos en salud mental. La decisión es totalmente personal, pero tendrías que considerar seriamente la posibilidad de hablar con alguien de tus síntomas de duelo si experimentas alguna de las situaciones siguientes:

Sentimientos fuertes de culpa, no tanto sobre las actuaciones que tuviste o no tuviste en el momento de la muerte de la persona amada, sino de otras cosas.

Ideas suicidas, más allá del deseo pasivo de “mejor estaría muerto/a para poder reunirme con él o ella”.

Abatimiento extremo y prolongado, un sentimiento de que, hagas lo que hagas, nunca serás capaz de recuperar una vida que merezca la pena vivir.

Depresión o agitación prolongada, sentimientos de estar atrapado o decaído que persisten a lo largo de los meses.

Síntomas físicos, como fuertes dolores en el pecho o pérdida de peso importante que puede amenazar tu bienestar físico.

Rabia descontrolada, que amenaza a amigos y familiares o que te hace sentir un deseo de “maquinar venganza” por tu pérdida.

Incapacidad de funcionar de forma continua en tu trabajo, o en el cumplimiento de las tareas rutinarias de tu vida diaria.

Abuso de sustancias, apoyado en el consumo de drogas o alcohol para aligerar el dolor del duelo.

“Todas estas situaciones pueden ser temporalmente normales en el proceso de duelo, pero si su presencia es continua, entonces es preocupante y hace falta que pidas ayuda a un experto profesional.” (Neymeyer, R.A. 2000. Aprender de la pérdida. Ed. Paidós)

NOTA.- Cuando hablamos de acudir a un profesional es necesario que te asegures de que sea experto en temas de duelo y, a ser posible, que haya pasado por ello, pues resulta muy complicado no confundirse en la observación, diagnóstico y posible tratamiento, si no conocen muy a fondo la problemática generada por la pérdida de un ser amado. Si acudes a un Centro de Soporte al Duelo será una garantía de que irás bien aconsejado/a. (Xavier Muñoz G-M)