de un ser querido
El objetivo de esta sección es ofrecer algunas sugerencias y recursos a las personas que han perdido a un ser querido, o a aquellas que deseen ayudar a alguien que está atravesado por esa situación. Aquí encontrarás un espacio donde aclarar dudas, compartir la experiencia del duelo y dar o recibir apoyo.
La muerte de un ser querido rompe tu vida en mil pedazos, lanzándote a un mundo vacío y sin sentido, del que resulta imposible salir sin respuestas que te permitan replantearte tu forma de vivir y, así, renacer de las cenizas.
Sentir la Vida es un lugar en la red nacido de la experiencia profesional y personal, que pretende ofrecer un espacio de reflexión y aprendizaje, aportando trabajos y enlaces a material de primerísima calidad, que nos muestren aquello que hoy ya empezamos a saber acerca de la verdadera naturaleza del ser humano.
Vida y muerte han formado parte de nuestra historia desde que estamos en este planeta y, a pesar de que la muerte forma parte intrínseca de nuestro día a día, hasta hace bien poco no ha empezado a surgir un grupo de especialistas interesados en profundizar y sacar a la luz pública aquello que nos permita conocernos más a fondo y, como consecuencia, empezar a sentir la vida de una forma distinta y más bella.
La Dra. Elisabeth Kübler-Ross, una de las más eminentes estudiosas del proceso de la muerte, nos decía: “Puede parecer extraño, pero una de las maneras más productivas de llegar a la madurez pasa por enfrentarse a la experiencia de la muerte...”. Sabias palabras que sólo entiendes en su profundidad una vez has empezado a ver la luz, tras superar la horrible desesperación que invade tus entrañas.
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¿QUÉ ES EL DUELO? |
El duelo es la reacción normal tras la muerte de un ser querido y cada persona vive este
proceso de una manera diferente.
El tiempo necesario para pasar de la desesperación más profunda a la adaptación a la nueva realidad va a ser más o menos largo y doloroso, dependiendo de muchos factores: Tipo de muerte, intensidad de la unión con el/la fallecido/a, características de esta relación, edad, personalidad, entorno, responsabilidades adquiridas,… Es un proceso personal y muy íntimo en el que sólo las respuestas interiores van a producir un verdadero cambio en nosotros.
Por estas y otras muchas causas más, resulta bastante difícil hablar de “tiempo”, pero resulta bastante habitual que éste dure entre 1 y 3 años, y podremos decir que hemos resuelto el duelo cuando somos ya capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, vivir sin su presencia física, dejado de vivir en el pasado, invirtiendo toda nuestra energía en un presente tranquilo y sosegado.
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REACCIONES HABITUALES |
Negación/incredulidad
Es muy difícil aceptar lo que ha sucedido e incluso es muy posible que llegues a negar la muerte. Resulta difícil actuar sin pensar que tu ser querido ya no está, y quizás sigas con la esperanza de que vuelva.
Insensibilidad
Como si le estuviese pasando a otro. Nada parece real, te sientes aturdido/a, casi como un autómata incapaz de reaccionar. Es simplemente una autodefensa que te permitirá ir asimilando lo sucedido sin desgarrarte hasta morir.
Enojo/rabia/resentimiento
Puede aparecer un fuerte sentimiento de rabia contra todo y contra todos. Es algo normal y no debes luchar contra él, acéptalo sin juzgarte. Forma parte de tu dolor y a medida que éste se calme un poco irá disminuyendo.
Dios, los médicos, la persona fallecida, la cotidianeidad de los demás,… Todo va a ser objeto de tu enojo, rabia y resentimiento, pero debes saber que es normal, que esto sucede y va a desaparecer en su momento. No tengas miedo en compartir estos sentimientos con alguien de tu absoluta confianza que sepa escuchar y regalarte un silencio cargado de profundo amor y respeto.
No olvides que los niños sienten dolor como tú, invítales a compartir a través de dibujos y juegos.
Tristeza
Te invade una pena de una intensidad desconocida por ti hasta
ahora. Cualquier cosa te hace llorar y tu sensibilidad está a flor de piel. Llanto, pena, melancolía, nostalgia van a ser compañeros tuyos. Date permiso para estar triste y llorar, no te reprimas ni te preocupes si lloras mucho o poco, sencillamente date permiso.
¿Cuánto tiempo voy a necesitar?
Necesitas tiempo. Cada persona tiene un ritmo distinto, ni peor ni mejor, el suyo, y tu proceso de adaptación y transformación dependerá en gran parte del compromiso activo que tomes en su momento.
Miedo/angustia
Confusión, inquietud, profundo desamparo y desesperación desgarradora te acompañarán en su momento. Miedo atroz a lo que va a ser de ti a partir de ahora, temiendo al fracaso inminente y volverte loco. También estos sentimientos son del todo normales, no debes preocuparte.
Culpa/auto reproches
Por lo dicho y lo no dicho, por lo hecho y lo no hecho, por aquello que no valoraste,… La lista puede ser interminable pero, tan pronto como puedas, haz también una lista de todo lo que hiciste por y para tu ser querido, ya tienes demasiado sufrimiento como para infringirte semejante castigo.
Es del todo normal que hayas fallado en más de una ocasión, no sabías lo que hoy sabes, pero puedes aprender y ofrecerle tu crecimiento como muestra de tu gran amor.
Sensación de oír o ver al fallecido; Ambivalencia y cambios de humor; Alivio (después de una larga enfermedad); Soledad;…
Necesidad de cambios
Vas a encontrarte pensando en que es posible que tu vida fuera más fácil si cambiaras de casa, de trabajo, y dejaras de lado a todos tus conocidos. Cualquier cosa que te recuerde la pérdida resulta extremadamente dolorosa y sentirás el impulso de evitarlo a cualquier precio. No te precipites, tampoco hagas nada importante ni que requiera un desembolso
fuera de lo normal. Date tiempo para afrontar tus emociones y elaborar tu duelo.
SENSACIONES FÍSICAS
La mayoría de personas en duelo pasamos por un largo período de abatimiento, pérdida de todo interés por la vida y relaciones personales, siendo muy frecuente que se den innumerables efectos de tipo físico como: Náusea, palpitaciones, opresión en pecho y/o garganta, nudo en el estómago, pérdida del apetito, dolor de cabeza, dolor de espalda, cansancio y debilidad extremos, insomnio, ahogo, punzadas en el pecho, visión borrosa o manchada, temblor, dificultad de tragar,…
Recuerda que necesitas tiempo para descansar, comer y dormir. Salir a pasear puede ayudarte a mover un poco el cuerpo y sentirte más activo/a. Cuida tu cuerpo y su aseo, te hará sentir mejor.
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CUANDO PEDIR AYUDA |
A pesar de que no hay nada de anormal en el dolor, la soledad y el derrumbamiento que
acompañan al proceso de duelo, hay algunas situaciones en las que te puedes encontrar y en las que es conveniente pedir ayuda a un profesional o experto asesor: médico, responsable de grupo de acompañamiento, psicoterapeuta u otros expertos en salud mental. La decisión es totalmente personal, pero tendrías que considerar seriamente la posibilidad de hablar con alguien de tus síntomas de duelo si experimentas algunas de las situaciones siguientes:
-Sentimientos fuertes de culpa, no tanto sobre las actuaciones que tuviste o no tuviste en el momento de la muerte de la persona querida sino de otras cosas.
-Ideas suicidas, más allá del deseo pasivo de "mejor estaría muerto para poder reunirme con la persona querida".
-Abatimiento extremo, un sentimiento de que, hagas lo que hagas, nunca serás capaz de recuperar una vida que valga la pena vivir.
-Depresión o agitación prolongada, sentimientos de estar atrapado o decaído que persisten a lo largo de los meses.
-Síntomas físicos, como fuertes dolores en el pecho o pérdida de peso importante que puede amenazar tu bienestar físico.
-Rabia descontrolada, que amenaza a amigos y familiares o que te hace sentir un deseo de "maquinar venganza" por tu pérdida.
-Incapacidad de funcionar de forma continua en tu trabajo, o en el cumplimiento de las tareas rutinarias de tu vida diaria.
-Abuso de sustancias, apoyado en el consumo de drogas o alcohol para aligerar el dolor del duelo.
"Todas estas situaciones pueden ser temporalmente normales en el proceso de duelo, pero si su presencia es continua, entonces es preocupante y hace falta que pidas ayuda a un experto profesional."
(Neymeyer, R.A. 2000. Aprender de la pérdida. Ed Paidós.)
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QUÉ PUEDE AYUDARTE |
No reprimas ni escondas tus sentimientos, busca personas cercanas, sensibles y respetuosas,
con quien puedas compartir.
No reprimas el llanto, es hora de llorar y mitigará tu dolor ayudándote a entenderlo.
Habla de lo ocurrido y también de tu ser querido. Hablar ayuda a liberar tensión y hacer presente el recuerdo de tu ser querido. Huye de quienes pretendan hacerte olvidar, no es un buen consejo para la elaboración del duelo.
No te precipites. Evita tomar decisiones importantes en estos momentos.
No te deshagas de los recuerdos personales de tu ser querido, puede ayudarte llevar algún objeto suyo encima, y en su momento ya decidirás que haces con ello. Date tiempo.
No descuides tu aseo ni alimentación. Aprende a mimarte un poco. Pasea, haz algo de deporte. Cuidarse ayuda a sentirse mejor con uno mismo.
Escribe un poco cada día, plasma tus sentimientos, pensamientos e ideas que vayan surgiendo, te ayudará a expresar tu dolor y dar forma a una cotidianeidad nueva y más relajada.
No evites ir a lugares que frecuentabais. Primero va a ser muy doloroso, pero estarás reescribiendo tu historia personal, y tarde o temprano desearás el sosiego que te da visitar o pasear por estos lugares.
Lee libros que hablen del duelo y la muerte, y compártelos con otras personas que estén en tu misma situación.
Busca actividades que te distraigan, que hablen de cosas que te gusten, que te nutran espiritualmente.
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QUÉ NO VA A AYUDARTE |
Hay quienes, con toda la mejor intención del mundo, te querrán consolar, y no sólo no lo consiguen, sino que incluso pueden hacer daño. Por desconocimiento se suele usar frases como “Habría podido ser peor”, “Era su destino”, “Es la voluntad de Dios”, “Has de ser fuerte”, “El tiempo lo cura todo”, “Encontrarás a alguien y reharás tu vida”, “Te quedan tus otros hijos”,… Palabras y más palabras que, lejos de ayudar, incluso pueden hacernos sentir con la obligación de dar la talla estar a la altura de sus expectativas, cuando estamos absolutamente rotos y solo precisamos de un hombro amigo.
No te enfades ni juzgues en estos momentos, aprende a ser paciente con los demás y simplemente escoge mejor con quien compartir tu dolor.


